Homenaje a militantes desaparecidos en la antesala a la última dictadura cívico-militar

Viernes, Febrero 17, 2017 - 13:45

Se trata de Vicente Víctor “Cacho” Ayala, Julio César Barozzi, Diego Orlando Romero y Jorge Saravia Acuña, que fueron secuestrados en febrero de 1976 y hasta el día de hoy se desconoce su paradero. El intendente Fabián Ríos acompañó a familiares de las víctimas, a organizaciones de Derechos Humanos y a militantes en la esquina de Moreno y Salta, donde yace la placa del Municipio que recuerda el preciso lugar en el que fueron interceptados.

Con la presencia del Intendente Fabián Ríos, familiares y organizaciones de DDHH se recordó este viernes a los cuatro estudiantes y obreros que fueron secuestrados el 16 de febrero de 1976 por calle Moreno casi Salta, frente al club San Martín, de la Ciudad de Corrientes. También estuvieron funcionarios municipales, concejales y militantes de fuerzas políticas.

En dicho lugar, 41 años atrás, fueron secuestrados los militantes Vicente Víctor “Cacho” Ayala, Julio César Barozzi, Diego Orlando Romero y Jorge Saravia Acuña, y en el 2014 el Municipio colocó una placa que recuerda sus identidades como ejercicio de memoria.

“Es necesario que reconozcamos -más allá de algunas voces que piden cerrar capítulos- que mientras exista una familia que busca a su ser querido por lo menos para tener un lugar donde rezar y llevar una flor, será imposible cerrar las heridas”, expresó Fabián Ríos.

Junto a los familiares de los desaparecidos, el intendente Fabián Ríos destacó su “profundo respeto y sentimiento por las convicciones que tenían”, y evocó las palabras de Diego Ayala, hijo de “Cacho” y secretario de Economía Social del Municipio, cuando en la repatriación de los restos de Rafaella Filipazzi dijo: “algún día me va a tocar a mí”.

Diego Ayala reivindicó la militancia de su padre, destacando que “fue un hombre que luchaba por la inclusión social, por la ampliación de derechos para los trabajadores y de todas las personas, especialmente las más desprotegidas”, y recordó principalmente su trabajo en la pastoral social de la iglesia, “pasando por el pensionado católico con el sacerdote tercermundista Raúl Marturet, luchando por los más humildes”.

Con respecto a las dudas que desde algunos sectores se quieren imponer en la sociedad, sobre si hubo o no un plan sistemático de desaparición de personas, Ayala consideró que “siempre intentan poner en tela de juicio la cantidad de compañeros desaparecidos o los motivos por los que los secuestraron, pero nosotros tenemos una convicción muy fuerte y sabemos quiénes eran, qué hacían: luchar por la igualdad”.

Ríos lamentó la “irracionalidad e impunidad de interceptarlos y levantarlos en plena vía pública”, y afirmó que “hay gente que sabe qué pasó con Cacho y sus otros compañeros”. “Necesitamos que aporten datos, su familia busca y desea que les toque la oportunidad a ellos para dejar de vivir en la angustia de no saber dónde está”, pidió el intendente, y Ayala aseguró: “seguimos trabajando para recuperar el cuerpo de mi padre que continúa desaparecido”.

Por su parte Rosario “Charito” Ayala, hermana de Cacho, emocionada reavivó la memoria de su hermano: “lo veo en la calle, reclamando, presentando denuncias porque era abogado, luchando por los que más necesitaban, sin un interés o ambición personal, sino por amor a su pueblo, por eso se los extraña tanto”.

“MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA”

El 16 de febrero de 1976 durante un procedimiento policial y militar, los jóvenes fueron interceptados en la esquina en la que se había colocado la primera placa, en la iglesia La Cruz y frente al Club San Martín, donde fueron detenidos y luego desapare­cidos.

En 2009, la Justicia Federal condenó a solo un militar, el ex comisario Diego Ulibarrie, a 25 años de prisión al hallarlo autor de privación ilegítima de la libertad agravada por su calidad de funcionario público, cuatro hechos de detención violenta y uno de aplicación de tormentos.

El texto del recordatorio, donado por la gestión del intendente Fabián Ríos dice: “En este preciso lugar, un 16 de febrero, los secuestraron y se los llevaron para siempre. La dictadura cívico-militar, enemiga del pueblo y de los militantes populares, resolvió sobre sus jóvenes vidas. Sus familias, amigos y compañeros jamás los volvieron a ver: Vicente Víctor Ayala, Julio César Barozzi, Diego Orlando Romero, Jorge Saravia Acuña”. Y finaliza: “A 38 años de aquel aberrante hecho. A 38 años de sus desapariciones forzadas, los recordamos con el mismo amor con el que se supieron ganar, por sus cualidades de solidaridad y compromiso con la causa del pueblo.